Cambia todo lo que eres y todo lo que fuiste.
Hoy, nos cruzamos en plena Gran Vía, o en la Puerta del Sol, o en pleno centro de Tribunal, todos los días a las doce del mediodía.
Parece mentira que tan grande que es esta ciudad siempre acabe a ti. Porque, tu huyes de mí, pero no puedes evitar acabar en mi mismo destino.
Si te veo en la Gran Vía, ahora estás en la acera de enfrente; si estás en Chamartín escoges las escaleras mecánicas en las que no esté yo; si nos encontramos en las Kio, tú siempre escondida tras la otra torre en la que no estoy.
Pero, por mucho que esté a mis cosas, distraído, escuchando música, con los ojos cerrados, siempre sé dónde estás, por mucho que te escondas de mí... Tu presencia es tan llamativa como un huracán.
Mariposas de cuerpo negro y alas azules, celestes, brillantes y grandes, aparecen todos los días a las doce menos cuarto del mediodía, siguiendo un camino, que me encanta seguir y sé adónde me llevarán.
Esta vez, a las doce menos cuarto, veo una mariposa entrar al metro de Callao. Sigo los elegantes movimientos de la mariposa hasta en el vagón... Y allí estás tú: escuchando música, en tu mundo, mirando al suelo como una niña inocente. Y, rápidamente diriges tu vista hacia mí, mientras la mariposa atraviesa el camino de las vías y se mete por el camino de la salida. Estás sorprendida, aunque tu cara no muestre expresión alguna.
Ambos nos miramos, esa mirada dura segundos eternos, retrocedes unos pasos, asustada y enseguida echas a correr. Y yo, corro al mismo destino, con la esperanza de alcanzarte.
Corremos como dos gacelas por los pasillos del metro. En los extremos del pasillo de la salida nos encontramos. La mariposa sale por las escaleras a la interperie, y ambos parecemos querer seguirla... Y cuando ambos salimos corriendo a través de las escaleras, miles de mariposas negras y celestes vuelan por el cielo. Y te consigo alcanzar. Cierro los ojos, los abro y ya no estás, sólo tengo una mariposa celeste y negra, más bonita que cualquier otra, entre mis manos. Y eres libre, vuelas con ansias de felicidad.
Eres una mariposa, cambiaste todo lo que eras, pero tu presencia es tan llamativa como un huracán.




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